Juventude – Juventude
Hay discos que necesitan varias escuchas para convencerte. Y luego están los que, antes de terminar la primera canción, ya te han dejado claro que estás ante algo diferente.
Eso es lo que ocurre con JUVENTUDE.
La sensación al escucharlos por primera vez es difícil de explicar sin acudir a una imagen un poco absurda: es como si los Beatles hubieran encontrado una máquina del tiempo, hubieran viajado hasta nuestros días y hubieran decidido instalarse en Sevilla.
Y probablemente acabarían viviendo en un barrio donde alguien tiene una motillo trucada aparcada en la puerta.
Porque JUVENTUDE bebe descaradamente de otra época. De los sesenta, de los setenta, del pop británico, de la psicodelia, de ese sonido analógico que parece llevar décadas guardado dentro de una caja. Pero consigue algo que no siempre ocurre cuando una banda mira tanto hacia atrás: hacer música vintage sin que suene vieja.
No hay olor a museo.
Hay vida.
Hay calle.
Hay Sevilla.
Y, sobre todo, hay canciones.
Una de las cosas que más sorprenden del disco es la cantidad de cosas que suceden dentro de ellas. Cambios de tempo, cambios de tonalidad, arreglos que aparecen y desaparecen, vientos que aportan una personalidad enorme…
Hay momentos en los que tienes la sensación de estar escuchando una pequeña canción escondida dentro de otra. Y luego otra dentro de esa.
Una especie de matrioska musical que hace que cuanto más escuchas el disco, más cosas encuentres.
Y esa es probablemente una de las mejores virtudes de JUVENTUDE: puedes escucharlos sin prestar demasiada atención y pasártelo estupendamente, pero si decides poner el oído aparecen pequeños detalles por todas partes.
El disco comienza con Los Reyes Magos, una declaración de intenciones perfecta. Es divertida, imprevisible y desde el primer momento te deja pensando: «Vale, estos tíos hacen otra cosa».
Luego te podrá gustar más o menos.
Pero diferentes son.
Y enseguida aparece La Motillo, su canción más escuchada y, después de oírla, tampoco resulta difícil entender por qué.
Es probablemente uno de los temas más divertidos del disco.
No solo musicalmente. También por unas letras capaces de soltar frases como:
«Me he encontrado un Moranco bajando por la cuesta, le he llamado Jorge y resulta que era César».
¿Qué quieres que te diga?
Canelita de la buena.
Con Mis Pecados vuelve a aparecer la máquina del tiempo.
Es perfectamente posible imaginar a Marty McFly escuchándola en el baile del instituto cuando viaja a 1955 y se encuentra con sus padres de jóvenes.
Tiene ese punto de canción que parece llevar sesenta años existiendo y que, inexplicablemente, alguien acaba de escribir.
Y entonces llegan Los Potrillos y el viaje cambia de barrio.
Aquí aparece el lado más kinki, más setentero y más descaradamente sevillano del grupo.
Porque una de las cosas más interesantes del disco es precisamente esa mezcla: las referencias pueden venir de Liverpool, pero los zapatos están pisando Sevilla.
Y cuando aparece Cassius Clay, todo explota.
Fue, sin ninguna duda, la canción que más me enganchó durante la primera escucha.
Es potente, cañera, imprevisible y riquísima en detalles. Cambia de tempo, cambia de tonalidad y cuando crees que ya sabes hacia dónde se dirige, vuelve a girar.
Es probablemente el mejor ejemplo de esas canciones-matrioska que JUVENTUDE construye constantemente.
No tengo pruebas, pero tampoco demasiadas dudas de que en algún momento han conseguido contactar con John Lennon en el más allá y pedirle que les eche una mano.
La sorpresa llega con Morir en primavera.
Para mí es posiblemente el tema más diferente de todo el disco.
Tiene un punto más duro, más oscuro, incluso algo metalero, que por algún motivo me lleva hasta los granadinos Hora Zulú.
Y precisamente ese contraste sirve para demostrar que reducir a JUVENTUDE a «un grupo que suena a los Beatles» sería tremendamente injusto.
Porque hay mucho más.
Aunque luego llegue Cariño y te vuelvan a desmontar el argumento.
Si alguien me pusiera únicamente su parte instrumental y me dijera que es una canción perdida de los Beatles encontrada en algún archivo de Abbey Road, probablemente me lo creería.
La influencia está ahí.
Es imposible ocultarla.
Pero tampoco parece que quieran hacerlo.
La diferencia es que JUVENTUDE no utiliza esas referencias como disfraz, sino como lenguaje.
Y después está Dicen de ti.
Ahora mismo, mi canción favorita del disco.
Y remarco lo de ahora mismo porque esta es otra de las gracias de JUVENTUDE: escuchas el disco una vez y tienes una favorita; vuelves unos días después y descubres otra cosa en otra canción.
En Dicen de ti, además, aparece uno de esos detalles capaces de convertir una buena canción en algo especial: el guiño a la música cofrade y a Sevilla.
Y si ese sonido consigue tocarte mínimamente por dentro, hay un momento en el que es complicado evitar que se te pongan los pelos de punta.
Ese detalle resume bastante bien lo que ocurre con todo el álbum.
Porque podrían haberse limitado a copiar una estética.
A ponerse pantalones de campana, buscar cuatro amplificadores antiguos y jugar a vivir en 1967.
Pero no.
JUVENTUDE coge todas esas referencias y las mezcla con su tierra, con su humor, con su forma de hablar y con una manera muy particular de entender las canciones.
Por eso el resultado tiene algo extraño.
Suena tremendamente familiar y, al mismo tiempo, tremendamente distinto.
Y además es divertido.
Mucho.
Hay canciones que hacen prácticamente imposible permanecer sentado mientras suenan. Música que invita a bailar antes incluso de que hayas terminado de entender todo lo que está ocurriendo dentro.
Después vuelves a poner el disco.
Y descubres un viento que no habías escuchado.
Un cambio que se te había escapado.
Una melodía escondida.
Una nueva canción favorita.
Los Beatles han vuelto a nacer. Lo han hecho en Sevilla y la gente todavía no lo sabe.
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Crítica escrita por Trino.