La Fúmiga
La Fúmiga: L’ últim abraç
Tal vez, debería escribir esta crónica en valenciano, pero seguro que los chicos de La Fúmiga no me lo tendrán en cuenta, porque ellos como nadie, reivindican la riqueza cultural que supone ser bilingües. Dicho esto, este texto sobre todo, es para intentar transmitir un poco de lo que esta banda, que empezó como una humilde charanga en Alzira, ha logrado transmitir a un público que no puede más que llorar por su despedida, eso sí, sin hacer drama.

No he sido una seguidora desde los inicios, ni siquiera fui de escuchar música en valenciano hasta bien adulta, pero cuando ellos llegaron todo cambió: Àrtur Martínez, Jose Beteta, Xavi Cantera, Toni España, Arnau España, Ramir Sánchez, Asier Escrivà, Hèctor Vila, Sergio Giménez, Josep Ferrer, Ivan Ortega y Jose Andres González. Lo que este grupo de amigos ha logrado en 14 años es algo que está al alcance de muy pocos, al menos así lo veo yo como público: niños de todas las edades, adolescentes, veinteañeros y de ahí hasta abuelos con una silla plegable he llegado a tener al lado en alguno de sus conciertos. Abarrotan plazas, llenan estadios, han hecho crecer festivales, han dado voz a nuevos talentos y estando ahí, arriba, donde todos quieren estar, tras más de 500 conciertos, dicen adiós.
En Indiferentes, no hablamos sobre lo que sabemos de música, más bien sobre lo que esa música nos hace sentir, especialmente en directo y en eso La Fúmiga son los campeones imbatibles. En un festival en Murcia (sí, en valenciano, en Murcia y no pasa nada), ellos cerraban, se fue mucha gente, pero mucha otra se quedó y fue increíble… Ese fue nuestro primer concierto de ellos y desde entonces, ya no tuve que convencer a Trino, solo decir «va La Fúmiga» era suficiente para comprar entradas, reservar hostales y hacer kilómetros.
Este final de gira «de calle», aún faltan los grandes recintos pero una charanga siempre será una charanga, ha sido maratoniano. Desde que anunciaron su despedida cada pueblo, cada ciudad, cada comarca, cada festival quería decir adiós al grupo que ha hecho tanto por la lengua como en su día Goku o Arale. Y nosotros no podíamos ser menos, así que decidimos decir adiós por todo lo alto: 3 conciertos, 3 primeras filas y un abrazo.

La Vila, 27 de junio, el calor y la humedad hacían que el sudor llegara a partes del cuerpo que ni sabías que tenías. Pero allí estábamos todos, disfrutando en un Maror que se preparó para el aluvión de público. Las bandas adaptaron sus montajes, la gente soportó la temperatura, el ambiente era inmejorable… Indiferentes llegamos a la puerta del backstage para entrevistar a El Diluvi, hablamos con el staff de Cactus y en ese momento, nos vio Àrtur que salió disparado a darnos un abrazo, después de aquello éramos como uno más entre las bandas, eso ya demuestra la admiración y el respeto que despierta allá donde va. Tuve ocasión de hacerle una pequeña entrevista y la emoción creo que es innegable. Ese abrazo. L’ últim abraç.
Aún nos quedaba descubrir, que en Sueca, se celebraba un festival por la cultura valenciana, lleno de artistas de distintos estilos donde La Fúmiga estaba como cabeza de cartel para despedirse de la Ribera Baixa, porque sí, ellos se habían propuesto acercarse a su gente, a su público, decir adiós a cada rincón de la geografía que les había dado tanto, tenían que mirar de cerca a sus fans para decir «gràcies per tant». Por supuesto, tomamos posiciones horas antes para poder disfrutar a tope del que pensábamos, sería el último concierto para nosotros en el Espigarock… nos miraron y saludaron desde arriba, sabían que estábamos allí.

Y cuando ya no nos lo esperábamos, el gran anuncio, La Fúmiga se despide en Elda de la calle, esta vez sí, el último, gratis, en unas fiestas populares, como la charanga que nunca dejaron de ser. Frente al camión, muchos fans nos hacíamos fotos, la barra estaba imposible por la cantidad de gente, que pocos podían esperar en una zona castellanoparlante, el grupo que tuvimos alrededor fueron majísimos, disfrutamos como locos de Espremedors, Havia de passar, Ja no fa mal, Cançó que mai s’acaba, Ja dormiré (algún día os cuento porqué esta canción es tan importante para mí)… y Mediterrànea. Cantamos, bailamos, nos erizamos, lloramos y cuando Àrtur dijo «venís de todas partes de la Comunidad, lo sabemos, también de la Vega Baja» saltamos como si fuéramos quinceañeras viendo a los BackStreet Boys.

Y así, llenos de emoción, dijimos adiós a una banda con el directo potente y emocionante que te hace conectar, mientras lloraban sobre el escenario y se preparaban para mezclarse con la gente como una charanga, nos fuimos a casa, mirando atrás con una sola frase en la cabeza
GRÀCIES PER TANT

Nía para Indiferentes